Bienquerida Ana;
Se que me voy a repetir de nuevo. Pero la sensación de la anterior carta hoy ha vuelto a hacerse palpable. Y todavía se siente, mientras escribo casi a oscuras, mientras escucho de entre el silencio de mi casa el rasgar del boli. Ese sonido inexistente, que me acompaña a todas partes. Sí, estoy de nuevo sola. Es muy triste, Ana, muy triste. Hace poco leí una reflexión de un tipo anónimo que decía que cuando nos sentimos deprimidos por no tener pareja, no es del todo eso la causa de nuestra depresión, sino el temor a permanecer por siempre en esa soledad. No se si discrepo o estoy de acuerdo... solo la planteo.
Sabes que soy una chica que siempre ha necesitado abrazos, besos, palabras bonitas, que se pongan ñoña con ella y tonteen como si fuese una niña pequeña... Y últimamente todo se está tornando al revés... Dentro de lo que cabe. Bueno, en realidad es solo al revés al tontear. O quizá ni eso. Estoy confundida. Nada es ñoño, nada es inocente a mi alrededor... Quizá sea mi culpa, busco algo que no profeso. Me he ganado la faceta de pervertida sexual. ¿Por qué? Me incitan. Quizá tenga poca personalidad, o quizá mi mente esté tan asexuada por lo que me rodea que ha dejado de luchar contra ello... O yo que se.
Y sin embargo, todas las palabras sexuales, todas las insinuaciones, al final no son más que bromas... Que a mí me dan ganas de decir 'dejate de palabrería y ven aquí a hacerte hombre'... Me quedo con las ganas. Por no perder lo que tengo hasta ahora... Aunque no se si quiero que se me insinúen y me digan cosas... extrañas, a que se me ignore. ¿Tú qué preferirías?
Desde luego, esta es la peor carta que te he escrito.
Te quiere:
tu ninfómana social.
sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
Querida
Querida Ana...
Hace tiempo que no te escribo, y lo siento, pero he estado tan ocupada tratando de no hundirme en la miseria terrible y oscura que hace tiempo temía que consumiría la espontaneidad de mi vida, transformándola en monótona. Y, ¿sabes qué? No lo he conseguido.
Me debato entre la realidad y la ficción. Sí, siempre me has dicho que vivo demasiado para mí y para mi supuesto mundo que no existe. Es una pena, ahí somos maravillosas, divinas, y somos queridas. Ni siquiera nos mandamos cartas para contarnos nuestras penurias...Bueno, si te sirve de consuelo, eso lo echo de menos cuando sueño con mi perfecto y genial mundo caótico y espontáneo...
Bueno, realmente, no te escribo para contarte mi mundo fantástico, no, te escribo para hablarte que hoy, por primera vez, me he sentido sola, muy sola, tan sola que creí morir de soledad. Y ni siquiera tuve lágrimas, solo el silencio de mi casa, solitaria, que me acogía. Temblé, eso sí, pero no hice, en aquel momento, ningún otro movimiento más a parte del lento parpadear. Si te soy sincera, poco tiempo estuve en ese estado de letargo semi consciente. Me dolía tanto el corazón, tenía hinchados los lacrimales, y ni siquiera era capaz de hablar. Mira, te escribo y todavía se me encoje el estómago.
¿Y sabes por qué? Porque en un momento, estuve pensando en todas las personas que me habían estado rodeando los instantes anteriores. Y a todas las han amado, las han querido, las quieren... Y yo... yo qué? Me he sentido como una hormiga miserable, un ser vagamente querido en ámbitos que cada vez me llenan menos. Yo me los tengo que llenar. Yo me quiero, pero necesito que me quieran. Que me abracen. Que me digan "Hoy estas guapa" o sencillamente "Eres guapa", o más simple "guapa" y sobre todo que me susurren, que me digan al oído "te quiero", conscientes del entramado de realidades absolutas que implican esas palabras.
En definitiva, necesito a alguien real, tangible, con el que pueda ponerme ñoña, infantil, alguien a quien le guste besar(me) y que jamás pare de hacerlo... Bueno, jamás... Ya sabes que no soportaría que siempre estuviese besándome... Que sepa distinguir los momentos. Y que cuando estuviésemos juntos, me quisiese como nadie me ha querido. Me quisiese a su manera, y a su manera me hiciese sentir una reina.
Pensé que era fuerte, Ana, que podía vivir sin la necesidad de un amor, pero me equivocaba. Y lo que más me duele, es que no tengo a nadie con quien soñar... No estoy enamorada. En el estómago no noto mariposas, noto vacío revoloteando. Estoy dolida. Ni siquiera puedo llorar. ¿Crees que estaré insensible para siempre? ¿Que soy incapaz de amar?
Ay Ana, no se. ¿Tú me quieres?
Necesito que me quieran.
Sentirme querida.
Yo te quiero.
Hace tiempo que no te escribo, y lo siento, pero he estado tan ocupada tratando de no hundirme en la miseria terrible y oscura que hace tiempo temía que consumiría la espontaneidad de mi vida, transformándola en monótona. Y, ¿sabes qué? No lo he conseguido.
Me debato entre la realidad y la ficción. Sí, siempre me has dicho que vivo demasiado para mí y para mi supuesto mundo que no existe. Es una pena, ahí somos maravillosas, divinas, y somos queridas. Ni siquiera nos mandamos cartas para contarnos nuestras penurias...Bueno, si te sirve de consuelo, eso lo echo de menos cuando sueño con mi perfecto y genial mundo caótico y espontáneo...
Bueno, realmente, no te escribo para contarte mi mundo fantástico, no, te escribo para hablarte que hoy, por primera vez, me he sentido sola, muy sola, tan sola que creí morir de soledad. Y ni siquiera tuve lágrimas, solo el silencio de mi casa, solitaria, que me acogía. Temblé, eso sí, pero no hice, en aquel momento, ningún otro movimiento más a parte del lento parpadear. Si te soy sincera, poco tiempo estuve en ese estado de letargo semi consciente. Me dolía tanto el corazón, tenía hinchados los lacrimales, y ni siquiera era capaz de hablar. Mira, te escribo y todavía se me encoje el estómago.
¿Y sabes por qué? Porque en un momento, estuve pensando en todas las personas que me habían estado rodeando los instantes anteriores. Y a todas las han amado, las han querido, las quieren... Y yo... yo qué? Me he sentido como una hormiga miserable, un ser vagamente querido en ámbitos que cada vez me llenan menos. Yo me los tengo que llenar. Yo me quiero, pero necesito que me quieran. Que me abracen. Que me digan "Hoy estas guapa" o sencillamente "Eres guapa", o más simple "guapa" y sobre todo que me susurren, que me digan al oído "te quiero", conscientes del entramado de realidades absolutas que implican esas palabras.
En definitiva, necesito a alguien real, tangible, con el que pueda ponerme ñoña, infantil, alguien a quien le guste besar(me) y que jamás pare de hacerlo... Bueno, jamás... Ya sabes que no soportaría que siempre estuviese besándome... Que sepa distinguir los momentos. Y que cuando estuviésemos juntos, me quisiese como nadie me ha querido. Me quisiese a su manera, y a su manera me hiciese sentir una reina.
Pensé que era fuerte, Ana, que podía vivir sin la necesidad de un amor, pero me equivocaba. Y lo que más me duele, es que no tengo a nadie con quien soñar... No estoy enamorada. En el estómago no noto mariposas, noto vacío revoloteando. Estoy dolida. Ni siquiera puedo llorar. ¿Crees que estaré insensible para siempre? ¿Que soy incapaz de amar?
Ay Ana, no se. ¿Tú me quieres?
Necesito que me quieran.
Sentirme querida.
Yo te quiero.
martes, 23 de marzo de 2010
5
Querida Ana:
Tengo que cambiar, lo tengo completamente decidido. Cambiar de todo. Me quedo a medias y en mi interior hay una lucha entre lo que siento que es correcto, y lo que me han enseñado que es correcto. Les agradezco la educación que me han dado, los valores, el saber estar, pero en estos momentos, cuando algo a lo que terminaré por llamar mi verdadero yo se revela, odio todo cuanto se, porque contradice a lo que yo busco. Y es que es cierto, me debato entre ser correcta o hacer lo que siento que debería hacer. ¡DIOS! como me encantaría gritarle al mundo, lo haría ahora mismo, lo que siento, lo que me pasa por la cabeza, y ponerme a bailar porque me apetece donde sea cuando sea, pero entonces ataca mi yo educado y eso se vuelve una idea descabellada, mis ánimos se "calman" y vuelvo a actuar como una persona normal. Joder, cómo odio esa palabra... NORMAL. ¿Quién coño dicta la normalidad? Me gustaría leer esos artículos en los que se dice lo que es normal y adjudicarme por fin, oficialmente, el título de chalada. ¿Tú crees que estoy chalada, Ana? No, mejor no me contestes, no quiero hacerme ilusiones hasta ver mi título firmado. ¿Sabes qué? Me encantaría que fuese así, que de verdad se me declarase chalada. Y poder actuar como quisiese cuando quisiese... ¡Sin remordimientos! ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que la sociedad me dejase ser yo misma sin más? No me importaría pagar el precio de ser una recluida social por no pertenecer a la normalidad. No quiero pertenecer a la normalidad. Pero qué hay dentro de mí, que a la vez soy yo, que hace que me quede en ese estúpido grupo, que no me revele y diga "ché tú, que aquí estoy yo, toda chula y se acabó. " Que bonito todo sería así. Y es que es como soy en realidad, como es mi verdadero yo, cómo soy con mis amigos, con la gente con la que conozco, CONTIGO. Tú misma reconocerás que muchas veces has pensado que estoy loca. que te has reido y que a mí no me ha importado. Hasta habrás visto en mis ojos la felicidad de hacer lo que me da la gana en ese momento. Y es que, por ejemplo, ahora mismo tengo ganas de romper este papel y ponerme a saltar sobre la cama, pero no lo estoy haciendo (como podrás observar) ¿Por qué? Porque ahora hay algo que me tiene atada a esta silla. Como un imán que tira de mí y otro que me hace quedarme sentada. Solo que no se por qué tiene que ganar el de quedarme sentada. Posiblemente si tú estuvieses aquí romperías el papel por mí, me cogerías de la mano y me ayudarías a subirme a la cama a saltar. Pero yo tampoco quiero eso. Quiero hacerlo por mí, que me nazca y yo tenga el valor de parirlo. Y no que tú me empujes a ello, cosa que te agradecería eternamente. Pero no, yo no soy así. Y es que tengo miedo. Lo admito. Tengo miedo. A muchas cosas. Una de ellas, a la decepción. Pero me estoy desviando. Y eso ya te lo escribiré en la próxima carta, Ana, que tengo sueño.
Espero que tú estés al otro lado de este papel, de esta realidad. Te echo de menos Ana.
Tengo que cambiar, lo tengo completamente decidido. Cambiar de todo. Me quedo a medias y en mi interior hay una lucha entre lo que siento que es correcto, y lo que me han enseñado que es correcto. Les agradezco la educación que me han dado, los valores, el saber estar, pero en estos momentos, cuando algo a lo que terminaré por llamar mi verdadero yo se revela, odio todo cuanto se, porque contradice a lo que yo busco. Y es que es cierto, me debato entre ser correcta o hacer lo que siento que debería hacer. ¡DIOS! como me encantaría gritarle al mundo, lo haría ahora mismo, lo que siento, lo que me pasa por la cabeza, y ponerme a bailar porque me apetece donde sea cuando sea, pero entonces ataca mi yo educado y eso se vuelve una idea descabellada, mis ánimos se "calman" y vuelvo a actuar como una persona normal. Joder, cómo odio esa palabra... NORMAL. ¿Quién coño dicta la normalidad? Me gustaría leer esos artículos en los que se dice lo que es normal y adjudicarme por fin, oficialmente, el título de chalada. ¿Tú crees que estoy chalada, Ana? No, mejor no me contestes, no quiero hacerme ilusiones hasta ver mi título firmado. ¿Sabes qué? Me encantaría que fuese así, que de verdad se me declarase chalada. Y poder actuar como quisiese cuando quisiese... ¡Sin remordimientos! ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que la sociedad me dejase ser yo misma sin más? No me importaría pagar el precio de ser una recluida social por no pertenecer a la normalidad. No quiero pertenecer a la normalidad. Pero qué hay dentro de mí, que a la vez soy yo, que hace que me quede en ese estúpido grupo, que no me revele y diga "ché tú, que aquí estoy yo, toda chula y se acabó. " Que bonito todo sería así. Y es que es como soy en realidad, como es mi verdadero yo, cómo soy con mis amigos, con la gente con la que conozco, CONTIGO. Tú misma reconocerás que muchas veces has pensado que estoy loca. que te has reido y que a mí no me ha importado. Hasta habrás visto en mis ojos la felicidad de hacer lo que me da la gana en ese momento. Y es que, por ejemplo, ahora mismo tengo ganas de romper este papel y ponerme a saltar sobre la cama, pero no lo estoy haciendo (como podrás observar) ¿Por qué? Porque ahora hay algo que me tiene atada a esta silla. Como un imán que tira de mí y otro que me hace quedarme sentada. Solo que no se por qué tiene que ganar el de quedarme sentada. Posiblemente si tú estuvieses aquí romperías el papel por mí, me cogerías de la mano y me ayudarías a subirme a la cama a saltar. Pero yo tampoco quiero eso. Quiero hacerlo por mí, que me nazca y yo tenga el valor de parirlo. Y no que tú me empujes a ello, cosa que te agradecería eternamente. Pero no, yo no soy así. Y es que tengo miedo. Lo admito. Tengo miedo. A muchas cosas. Una de ellas, a la decepción. Pero me estoy desviando. Y eso ya te lo escribiré en la próxima carta, Ana, que tengo sueño.
Espero que tú estés al otro lado de este papel, de esta realidad. Te echo de menos Ana.
domingo, 31 de enero de 2010
Cartas para ana 4
Querida ana:
Hace tiempo que me siento un poco perdida. Tengo una sensación de vacío en mi pecho, justo al lado del corazón que no deja de supurar lágrimas... Como si fuese una herida. Pero las lágrimas me las trago..No se qué soy, realmente. Me veo dentro de un círculo vicioso que no me gusta, ¿no te ha apetecido alguna vez hacer algo en lo que arriesgaras más de lo que podrías ganar, sin importarte? Tengo ganas de mandarlo todo... ¡Mandarlo todo a la mierda! He visto que soy dos. Tengo dos partes, y una se contradice con la otra. Y siento en ese vacío cómo se baten a duelo estas dos partes, noto el choque de los filos de las espadas, y las virutas incandescentes me abrasan. Soy tan inestable... ¿Nunca te ha pasado, Ana? ¿Crees que dentro de un tiempo me reiré de todo esto y dire... "haih,... que tiempos, ójala volviese a ser joven..."? Soy tan diferente a mí misma.
Al principio he dicho "un poco perdida"... Bien, omite la palabra -poco-. Me siento desubicada. ¿Dónde tengo que estar? ¿Nunca te lo has preguntado? Es muy facil sonreir, Ana, y hacer que el mundo vea lo que tú quieres que vea. Es facil hasta que deja de serlo. Y te pesan los músculos... ¡Quisiera contárselo a alguien! ... Quisiera enseñarle a alguien como soy... Quisiera no tener que sonreir, enseñarle sin tapujos que ese día quiero llorar, y al siguiente quiero reir, porque realmente AHORA soy eso. Soy un YING-YANG... Creo que eso no está bien... No está bien para los que me rodean... hasta para mí es malo... Pero no puedo luchar contra mí, no, sin destruirme. En una lucha siempre hay un vencedor y un vencido... Y.. ¿cómo voy a salir vencedora si acabo de matarme? No se si me entiendes. Dudo que me entiendas, pero por lo menos lo intentas.
¿Cómo crees que terminaré? ¿Evolucionaré como los pokemon? No es por falta de ganas... Dios quiero dejarlo todo, meterme en la cama y no salir en una semana, o dos... O quizá en un año.
Soy una jodida pieza negra en un puzle blanco.
Hace tiempo que me siento un poco perdida. Tengo una sensación de vacío en mi pecho, justo al lado del corazón que no deja de supurar lágrimas... Como si fuese una herida. Pero las lágrimas me las trago..No se qué soy, realmente. Me veo dentro de un círculo vicioso que no me gusta, ¿no te ha apetecido alguna vez hacer algo en lo que arriesgaras más de lo que podrías ganar, sin importarte? Tengo ganas de mandarlo todo... ¡Mandarlo todo a la mierda! He visto que soy dos. Tengo dos partes, y una se contradice con la otra. Y siento en ese vacío cómo se baten a duelo estas dos partes, noto el choque de los filos de las espadas, y las virutas incandescentes me abrasan. Soy tan inestable... ¿Nunca te ha pasado, Ana? ¿Crees que dentro de un tiempo me reiré de todo esto y dire... "haih,... que tiempos, ójala volviese a ser joven..."? Soy tan diferente a mí misma.
Al principio he dicho "un poco perdida"... Bien, omite la palabra -poco-. Me siento desubicada. ¿Dónde tengo que estar? ¿Nunca te lo has preguntado? Es muy facil sonreir, Ana, y hacer que el mundo vea lo que tú quieres que vea. Es facil hasta que deja de serlo. Y te pesan los músculos... ¡Quisiera contárselo a alguien! ... Quisiera enseñarle a alguien como soy... Quisiera no tener que sonreir, enseñarle sin tapujos que ese día quiero llorar, y al siguiente quiero reir, porque realmente AHORA soy eso. Soy un YING-YANG... Creo que eso no está bien... No está bien para los que me rodean... hasta para mí es malo... Pero no puedo luchar contra mí, no, sin destruirme. En una lucha siempre hay un vencedor y un vencido... Y.. ¿cómo voy a salir vencedora si acabo de matarme? No se si me entiendes. Dudo que me entiendas, pero por lo menos lo intentas.
¿Cómo crees que terminaré? ¿Evolucionaré como los pokemon? No es por falta de ganas... Dios quiero dejarlo todo, meterme en la cama y no salir en una semana, o dos... O quizá en un año.
Soy una jodida pieza negra en un puzle blanco.
jueves, 21 de enero de 2010
Querida Ana:
¿Nunca has odiado algo, te has arrepentido, y al instante siguiente estabas regocijándote de todo lo que eso te ha dado? Es tan contradictorio que ni siquiera se explicarlo. Me siento tan compleja... Y a la vez tan simple. ¿Sabes qué he descubierto? Que los sentimientos no son más que el flujo de energía entre dos (o más) personas. Eso hace que caiga un mito, que caigan mis palabras y no sirva de nada lo que escribo. Ana, me siento frustrada. ¿Crees que todo esto no es más que física y química de nuestro cuerpo?
Era todo más hermoso cuando lo atribuíamos al alma y al aura de cada uno. Eso sí que me hacía sentir especial. No se si me captas, creo que la realidad de las personas me frustra, me enoja, me sorprende, incluso me gusta. ¡Ves! Soy muy compleja. ¿Eres tú tan compleja? Seguro que también, pero posiblemente lo lleves mejor que yo.
Tal vez te preguntes por qué. Es sencillo, estoy conociéndome y este camino no es nada cómodo. He notado mi corazón contraerse de dolor mientras mi cerebro solo quería contraer mis músculos para sonreir. ¿Por qué? He estado amando, perdón, he estado compartiendo un flujo de energía con una persona y a la vez no quise hacerlo.
Tan pronto me despojo de mi humanidad en secreto como vuelvo a mis cavales para desentrañar cómo ha sucedido esto. Y es que me ocurre a menudo. No se si en esto tú me seguirás. ¿Me sigues?
¿Nunca has odiado algo, te has arrepentido, y al instante siguiente estabas regocijándote de todo lo que eso te ha dado? Es tan contradictorio que ni siquiera se explicarlo. Me siento tan compleja... Y a la vez tan simple. ¿Sabes qué he descubierto? Que los sentimientos no son más que el flujo de energía entre dos (o más) personas. Eso hace que caiga un mito, que caigan mis palabras y no sirva de nada lo que escribo. Ana, me siento frustrada. ¿Crees que todo esto no es más que física y química de nuestro cuerpo?
Era todo más hermoso cuando lo atribuíamos al alma y al aura de cada uno. Eso sí que me hacía sentir especial. No se si me captas, creo que la realidad de las personas me frustra, me enoja, me sorprende, incluso me gusta. ¡Ves! Soy muy compleja. ¿Eres tú tan compleja? Seguro que también, pero posiblemente lo lleves mejor que yo.
Tal vez te preguntes por qué. Es sencillo, estoy conociéndome y este camino no es nada cómodo. He notado mi corazón contraerse de dolor mientras mi cerebro solo quería contraer mis músculos para sonreir. ¿Por qué? He estado amando, perdón, he estado compartiendo un flujo de energía con una persona y a la vez no quise hacerlo.
Tan pronto me despojo de mi humanidad en secreto como vuelvo a mis cavales para desentrañar cómo ha sucedido esto. Y es que me ocurre a menudo. No se si en esto tú me seguirás. ¿Me sigues?
miércoles, 13 de enero de 2010
Cartas para Ana 2Testamento
Querida Ana:
hoy me he planteado qué pasaría con mis cosas si un día, de pronto, se me arrebatase el derecho a respirar, a que mi corazón palpite. A vivir.
He decidido hacer un pequeño testamento para que en caso de que ocurra algo, no se encuentren ante un dilema. A continuación te adjunto, Ana, mi pequeño testamento:
Ante el temor de una muerte inminente (inm(a)inente jeje), yo, Inma ********, quiero dejar presente un documento en el que otorgo a distintas personas varios de mis bienes más preciados.
A mi madre y a mi padre, quisiera otorgarles mis victorias, pues todas ellas siempre fueron suyas, siempre se las dediqué. Quiero que las guarden donde siempre puedan verlas, y recordar que un día yo fui una causa de alegría. Que cada uno elija las que quiera, o si quieren, que las compartan, no me importa. Pero ellas son exclusivamente para mis padres.
A mi hermano le dejo de recuerdo todas mis fuerzas que ahora, de joven, puedo tener. Pues se que en un futuro él las necesitará. Le dejo la luz y la felicidad que un día mantuvo quieta y calmada mi mente, para que al respirar sienta como el cuerpo se le relaja. Es joven y necesita aprender. Quiero que ello le ayude a ser el gran hombre que se que hay en él.
A mis amigos quiero que se les de sin objeciones, todas mis palabras de ánimo, mis abrazos constructivos y mis miradas comprensivas. No se si las necesitarán, si las usarán, pero ante todo no quiero que olviden que siempre tendré un oido para ellos, un hombro para sus penas, a pesar de haber desaparecido (espero que solo) físicamente de sus vidas.
Mis abrazos profundos y espontáneos, que se guarden para ocasiones en las que alguien necesite un abrazo sin más, yo siempre quise tener los brazos abiertos.
Mis besos, apasionados, fogosos, con lengua o sin lengua, que se los den a él. Por si alguna vez me quiso, me tuvo cariño, o si me querrá en el futuro. Que los riegue a menudo. Que abra la caja y los escuche y los sienta, para mantenerme viva a su alrededor. Se que no lo hará, tal vez decida olvidarme, pues es muy posible que jamás signifiqué algo importante para él. Pero aún así, se que con él todos mis besos quedarán saldados y descansarán en paz.
Mis lágrimas, las sinceras, las falsas, las opacas, translúcidas, transparentes, que se junten todas en el mismo tarro hasta desdibujar su función, su verdad. Que un poco se extienda por las tumbas de mis abuelos por los que jamás lloré lo suficiente. Otra parte que se guarde para mi abuelo. Se que un día se usarán. Y otra gran parte para aquellos que me quisieron ver llorar. Se que así ellos serán felices, y lo único que pretendo con esto es hacer feliz a la mayor gente posible, aun muerta. No olvidéis guardar para mis padres para el futuro lejano, una gran mayoría, pues se que por ellos crearía nuevos mares, y eso solo sería la pequeña parte.
Mis veranos serán solo para Maite, pues de ella tuve momentos, y es lo más justo.
Reservad fines de semana para Noelia, Montse, y Lucía. Tengo esperanzas de que los planten y los hagan florecer, como nuestra amistad un día lo hizo.
Mis melancolías, depresiones, complejos, gritos y sollozos guardarlos bajo llave. Son mis debilidades. Que mi hermano lleve la clave, y que le de una copia a mi mejor amiga. Estaré segura en sus corazones, donde se que siempre guardarán mis secretos.
Respecto a lo material, que mi cuerpo sea incinerado y sus cenizas expandidas por el océano, para que mi muerte sirva de principio para millones de vidas. Y seguir viva en el agua, donde sabéis que siempre me gustó estar... Mi funeral, si así puedo llamarlo, será sin derramar lágrimas. Es más, quisiera que riérais, que fueseis felices por estar vosotros vivos, yo lo seré allí en el cielo (y a vuestro lado). Quisiera pensar egoístamente que lloraréis y me echaréis de menos. Pero jamás quise ocasionaros ningún mal, así que no quisiera que sufriérais justamente cuando yo no pudiera hacer nada para evitarlo. De nuevo de una manera egoísta. Ese día, al arrojar las cenizas al mar, echaos a nadar, nadad conmigo por última vez.
Mis efectos personales que sean donados a donde puedan servir para algo. Me da igual donde. Guardad tan solo mis fotos, ahí encontraréis todo lo anterior.
Por último, y lo más importante, quiero que todas las palabras de Perdón, y con ellas los sentimientos, sean para mi hermano, pues jamás fui justa con él, y no mostré afecto en todas las ocasiones que debí hacerlo. En mi lecho de muerte me arrepiento (y cada noche, al finalizar el día) de todas las ocasiones que he desperdiciado y he roto poco a poco los hilos que formaban nuestro lazo. PERDÓN HERMANO. También a mis amigas, ellas exactamente sabrán que se las dedico por algo. A falta de eficacia del sistema adjuntaré sus nombres para evitar equivocaciones. En un anexo.
Jamás quise pedir perdón si no estaba realmente arrepentida. Bien, aquí tenéis millones de perdones, por los millones de kilogramos de arrepentimiento que a estas horas pesan sobre mi espalda y hacen que me agote tan rápido. Jamás fui la amiga que os merecíais, y ahora me doy cuenta, cuando no puedo hacer nada para remediarlo, de que muchas veces quisisteis iros de mi lado. Y no lo hicísteis. Mi gran tesoro, vosotras sois lo que realmente queda. Sois lo que tendría que poner en mi testamento.
Y finalizo aquí mis posesiones más preciadas. Si encontráis algo sin dueño, otorgádselo a mis padres, pues ellos sabrán muy bien que hacer. Jamás quise que se me recordase por lo bueno que hice un día, sino por lo que tal vez día tras día trabajé.
DEsde el cariño y en su última cena. Inma.
¿Qué te parece? Jamás me planteé morir a esta edad, pero siento que nunca es demasiado tarde para repartir lo más preciado que tienes en tu vida. ¿Crees realmente que si yo muriese ahora alguien me lloraría? Tal vez solo hice esto para sentir que podía ser así. No me imagino que todo acabase serio. Aunque haya pedido que rían, el mundo sabe que en el fondo me gustariaía que me añorasen. Ana, ¿crees que me añorarán? ¿Que soy algo para alguien? Siento que sí, pero cuando miro el cielo me siento sola. ¿Servirá de algo todo esto? O tal vez mis palabras, besos abrazos, sonrisas, fuerzas, esperanzas, caerán en la miseria del rincón oscuro del olvido para jamás ser reabiertas... Me enfrentaré a ello, a la peor muerte de todas. Ojalá nunca muera de olvido.
hoy me he planteado qué pasaría con mis cosas si un día, de pronto, se me arrebatase el derecho a respirar, a que mi corazón palpite. A vivir.
He decidido hacer un pequeño testamento para que en caso de que ocurra algo, no se encuentren ante un dilema. A continuación te adjunto, Ana, mi pequeño testamento:
Ante el temor de una muerte inminente (inm(a)inente jeje), yo, Inma ********, quiero dejar presente un documento en el que otorgo a distintas personas varios de mis bienes más preciados.
A mi madre y a mi padre, quisiera otorgarles mis victorias, pues todas ellas siempre fueron suyas, siempre se las dediqué. Quiero que las guarden donde siempre puedan verlas, y recordar que un día yo fui una causa de alegría. Que cada uno elija las que quiera, o si quieren, que las compartan, no me importa. Pero ellas son exclusivamente para mis padres.
A mi hermano le dejo de recuerdo todas mis fuerzas que ahora, de joven, puedo tener. Pues se que en un futuro él las necesitará. Le dejo la luz y la felicidad que un día mantuvo quieta y calmada mi mente, para que al respirar sienta como el cuerpo se le relaja. Es joven y necesita aprender. Quiero que ello le ayude a ser el gran hombre que se que hay en él.
A mis amigos quiero que se les de sin objeciones, todas mis palabras de ánimo, mis abrazos constructivos y mis miradas comprensivas. No se si las necesitarán, si las usarán, pero ante todo no quiero que olviden que siempre tendré un oido para ellos, un hombro para sus penas, a pesar de haber desaparecido (espero que solo) físicamente de sus vidas.
Mis abrazos profundos y espontáneos, que se guarden para ocasiones en las que alguien necesite un abrazo sin más, yo siempre quise tener los brazos abiertos.
Mis besos, apasionados, fogosos, con lengua o sin lengua, que se los den a él. Por si alguna vez me quiso, me tuvo cariño, o si me querrá en el futuro. Que los riegue a menudo. Que abra la caja y los escuche y los sienta, para mantenerme viva a su alrededor. Se que no lo hará, tal vez decida olvidarme, pues es muy posible que jamás signifiqué algo importante para él. Pero aún así, se que con él todos mis besos quedarán saldados y descansarán en paz.
Mis lágrimas, las sinceras, las falsas, las opacas, translúcidas, transparentes, que se junten todas en el mismo tarro hasta desdibujar su función, su verdad. Que un poco se extienda por las tumbas de mis abuelos por los que jamás lloré lo suficiente. Otra parte que se guarde para mi abuelo. Se que un día se usarán. Y otra gran parte para aquellos que me quisieron ver llorar. Se que así ellos serán felices, y lo único que pretendo con esto es hacer feliz a la mayor gente posible, aun muerta. No olvidéis guardar para mis padres para el futuro lejano, una gran mayoría, pues se que por ellos crearía nuevos mares, y eso solo sería la pequeña parte.
Mis veranos serán solo para Maite, pues de ella tuve momentos, y es lo más justo.
Reservad fines de semana para Noelia, Montse, y Lucía. Tengo esperanzas de que los planten y los hagan florecer, como nuestra amistad un día lo hizo.
Mis melancolías, depresiones, complejos, gritos y sollozos guardarlos bajo llave. Son mis debilidades. Que mi hermano lleve la clave, y que le de una copia a mi mejor amiga. Estaré segura en sus corazones, donde se que siempre guardarán mis secretos.
Respecto a lo material, que mi cuerpo sea incinerado y sus cenizas expandidas por el océano, para que mi muerte sirva de principio para millones de vidas. Y seguir viva en el agua, donde sabéis que siempre me gustó estar... Mi funeral, si así puedo llamarlo, será sin derramar lágrimas. Es más, quisiera que riérais, que fueseis felices por estar vosotros vivos, yo lo seré allí en el cielo (y a vuestro lado). Quisiera pensar egoístamente que lloraréis y me echaréis de menos. Pero jamás quise ocasionaros ningún mal, así que no quisiera que sufriérais justamente cuando yo no pudiera hacer nada para evitarlo. De nuevo de una manera egoísta. Ese día, al arrojar las cenizas al mar, echaos a nadar, nadad conmigo por última vez.
Mis efectos personales que sean donados a donde puedan servir para algo. Me da igual donde. Guardad tan solo mis fotos, ahí encontraréis todo lo anterior.
Por último, y lo más importante, quiero que todas las palabras de Perdón, y con ellas los sentimientos, sean para mi hermano, pues jamás fui justa con él, y no mostré afecto en todas las ocasiones que debí hacerlo. En mi lecho de muerte me arrepiento (y cada noche, al finalizar el día) de todas las ocasiones que he desperdiciado y he roto poco a poco los hilos que formaban nuestro lazo. PERDÓN HERMANO. También a mis amigas, ellas exactamente sabrán que se las dedico por algo. A falta de eficacia del sistema adjuntaré sus nombres para evitar equivocaciones. En un anexo.
Jamás quise pedir perdón si no estaba realmente arrepentida. Bien, aquí tenéis millones de perdones, por los millones de kilogramos de arrepentimiento que a estas horas pesan sobre mi espalda y hacen que me agote tan rápido. Jamás fui la amiga que os merecíais, y ahora me doy cuenta, cuando no puedo hacer nada para remediarlo, de que muchas veces quisisteis iros de mi lado. Y no lo hicísteis. Mi gran tesoro, vosotras sois lo que realmente queda. Sois lo que tendría que poner en mi testamento.
Y finalizo aquí mis posesiones más preciadas. Si encontráis algo sin dueño, otorgádselo a mis padres, pues ellos sabrán muy bien que hacer. Jamás quise que se me recordase por lo bueno que hice un día, sino por lo que tal vez día tras día trabajé.
DEsde el cariño y en su última cena. Inma.
¿Qué te parece? Jamás me planteé morir a esta edad, pero siento que nunca es demasiado tarde para repartir lo más preciado que tienes en tu vida. ¿Crees realmente que si yo muriese ahora alguien me lloraría? Tal vez solo hice esto para sentir que podía ser así. No me imagino que todo acabase serio. Aunque haya pedido que rían, el mundo sabe que en el fondo me gustariaía que me añorasen. Ana, ¿crees que me añorarán? ¿Que soy algo para alguien? Siento que sí, pero cuando miro el cielo me siento sola. ¿Servirá de algo todo esto? O tal vez mis palabras, besos abrazos, sonrisas, fuerzas, esperanzas, caerán en la miseria del rincón oscuro del olvido para jamás ser reabiertas... Me enfrentaré a ello, a la peor muerte de todas. Ojalá nunca muera de olvido.
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