Querida Ana:
hoy me he planteado qué pasaría con mis cosas si un día, de pronto, se me arrebatase el derecho a respirar, a que mi corazón palpite. A vivir.
He decidido hacer un pequeño testamento para que en caso de que ocurra algo, no se encuentren ante un dilema. A continuación te adjunto, Ana, mi pequeño testamento:
Ante el temor de una muerte inminente (inm(a)inente jeje), yo, Inma ********, quiero dejar presente un documento en el que otorgo a distintas personas varios de mis bienes más preciados.
A mi madre y a mi padre, quisiera otorgarles mis victorias, pues todas ellas siempre fueron suyas, siempre se las dediqué. Quiero que las guarden donde siempre puedan verlas, y recordar que un día yo fui una causa de alegría. Que cada uno elija las que quiera, o si quieren, que las compartan, no me importa. Pero ellas son exclusivamente para mis padres.
A mi hermano le dejo de recuerdo todas mis fuerzas que ahora, de joven, puedo tener. Pues se que en un futuro él las necesitará. Le dejo la luz y la felicidad que un día mantuvo quieta y calmada mi mente, para que al respirar sienta como el cuerpo se le relaja. Es joven y necesita aprender. Quiero que ello le ayude a ser el gran hombre que se que hay en él.
A mis amigos quiero que se les de sin objeciones, todas mis palabras de ánimo, mis abrazos constructivos y mis miradas comprensivas. No se si las necesitarán, si las usarán, pero ante todo no quiero que olviden que siempre tendré un oido para ellos, un hombro para sus penas, a pesar de haber desaparecido (espero que solo) físicamente de sus vidas.
Mis abrazos profundos y espontáneos, que se guarden para ocasiones en las que alguien necesite un abrazo sin más, yo siempre quise tener los brazos abiertos.
Mis besos, apasionados, fogosos, con lengua o sin lengua, que se los den a él. Por si alguna vez me quiso, me tuvo cariño, o si me querrá en el futuro. Que los riegue a menudo. Que abra la caja y los escuche y los sienta, para mantenerme viva a su alrededor. Se que no lo hará, tal vez decida olvidarme, pues es muy posible que jamás signifiqué algo importante para él. Pero aún así, se que con él todos mis besos quedarán saldados y descansarán en paz.
Mis lágrimas, las sinceras, las falsas, las opacas, translúcidas, transparentes, que se junten todas en el mismo tarro hasta desdibujar su función, su verdad. Que un poco se extienda por las tumbas de mis abuelos por los que jamás lloré lo suficiente. Otra parte que se guarde para mi abuelo. Se que un día se usarán. Y otra gran parte para aquellos que me quisieron ver llorar. Se que así ellos serán felices, y lo único que pretendo con esto es hacer feliz a la mayor gente posible, aun muerta. No olvidéis guardar para mis padres para el futuro lejano, una gran mayoría, pues se que por ellos crearía nuevos mares, y eso solo sería la pequeña parte.
Mis veranos serán solo para Maite, pues de ella tuve momentos, y es lo más justo.
Reservad fines de semana para Noelia, Montse, y Lucía. Tengo esperanzas de que los planten y los hagan florecer, como nuestra amistad un día lo hizo.
Mis melancolías, depresiones, complejos, gritos y sollozos guardarlos bajo llave. Son mis debilidades. Que mi hermano lleve la clave, y que le de una copia a mi mejor amiga. Estaré segura en sus corazones, donde se que siempre guardarán mis secretos.
Respecto a lo material, que mi cuerpo sea incinerado y sus cenizas expandidas por el océano, para que mi muerte sirva de principio para millones de vidas. Y seguir viva en el agua, donde sabéis que siempre me gustó estar... Mi funeral, si así puedo llamarlo, será sin derramar lágrimas. Es más, quisiera que riérais, que fueseis felices por estar vosotros vivos, yo lo seré allí en el cielo (y a vuestro lado). Quisiera pensar egoístamente que lloraréis y me echaréis de menos. Pero jamás quise ocasionaros ningún mal, así que no quisiera que sufriérais justamente cuando yo no pudiera hacer nada para evitarlo. De nuevo de una manera egoísta. Ese día, al arrojar las cenizas al mar, echaos a nadar, nadad conmigo por última vez.
Mis efectos personales que sean donados a donde puedan servir para algo. Me da igual donde. Guardad tan solo mis fotos, ahí encontraréis todo lo anterior.
Por último, y lo más importante, quiero que todas las palabras de Perdón, y con ellas los sentimientos, sean para mi hermano, pues jamás fui justa con él, y no mostré afecto en todas las ocasiones que debí hacerlo. En mi lecho de muerte me arrepiento (y cada noche, al finalizar el día) de todas las ocasiones que he desperdiciado y he roto poco a poco los hilos que formaban nuestro lazo. PERDÓN HERMANO. También a mis amigas, ellas exactamente sabrán que se las dedico por algo. A falta de eficacia del sistema adjuntaré sus nombres para evitar equivocaciones. En un anexo.
Jamás quise pedir perdón si no estaba realmente arrepentida. Bien, aquí tenéis millones de perdones, por los millones de kilogramos de arrepentimiento que a estas horas pesan sobre mi espalda y hacen que me agote tan rápido. Jamás fui la amiga que os merecíais, y ahora me doy cuenta, cuando no puedo hacer nada para remediarlo, de que muchas veces quisisteis iros de mi lado. Y no lo hicísteis. Mi gran tesoro, vosotras sois lo que realmente queda. Sois lo que tendría que poner en mi testamento.
Y finalizo aquí mis posesiones más preciadas. Si encontráis algo sin dueño, otorgádselo a mis padres, pues ellos sabrán muy bien que hacer. Jamás quise que se me recordase por lo bueno que hice un día, sino por lo que tal vez día tras día trabajé.
DEsde el cariño y en su última cena. Inma.
¿Qué te parece? Jamás me planteé morir a esta edad, pero siento que nunca es demasiado tarde para repartir lo más preciado que tienes en tu vida. ¿Crees realmente que si yo muriese ahora alguien me lloraría? Tal vez solo hice esto para sentir que podía ser así. No me imagino que todo acabase serio. Aunque haya pedido que rían, el mundo sabe que en el fondo me gustariaía que me añorasen. Ana, ¿crees que me añorarán? ¿Que soy algo para alguien? Siento que sí, pero cuando miro el cielo me siento sola. ¿Servirá de algo todo esto? O tal vez mis palabras, besos abrazos, sonrisas, fuerzas, esperanzas, caerán en la miseria del rincón oscuro del olvido para jamás ser reabiertas... Me enfrentaré a ello, a la peor muerte de todas. Ojalá nunca muera de olvido.
miércoles, 13 de enero de 2010
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